Casi sin darnos cuenta, se nos acercó la primavera y sutilmente ha comenzado a acariciarnos la espalda con los primeros tímidos y acogedores rayos de sol.
Poco a poco van quedando atrás los días de frío, de viento, de lluvia, de reclusión en el hogar, de duro invierno.
Es hora de trueques. De cambiar paraguas por sombrillas; de vinos por cervezas; de largas faldas por provocadoras miradas; de sangres alteradas, de corazones inquietos, de miradas traviesas, de alegres músicas.
Viendo esta época desde una cierta madurez, para mí es también la hora de la compasión. Sí, he dicho compasión, porque en el fondo, compadezco a los jóvenes corazones que en estas fechas no pueden controlar sus sentimientos. Amor, desamor, angustia, felicidad, risas, lloros... todo elevado a la enésima potencia como si la primavera lanzara sortilegios de vieja hechicera.
Desde mi afortunada y relajada vida amorosa, por la que no me cansaré de dar gracias, puedo analizar con perspectiva suficiente estos tiempos de amores, desamores, conjunciones, interrogaciones e interjecciones que esta estación del año nos trae.
No por ello, dejaré de seguir con la mirada y mis gafas con ella, el suave contoneo de cualquier hermosa mujer que en el camino diario, tenga a bien cruzarse. ¡Faltaría más!. Si normalmente considero a la mujer como el ser más "puñeteramente" hermoso de la Creación, en esta época del año, aún más.
Quiero desde aquí rendir homenaje a todos aquellos que en primavera consigan saborear las mieles del triunfo y también decir a los que fracasen en el intento, que una batalla no pierde una guerra y que siempre habrá alguien por quien luchar en el amor. Alguien a quien amar.
Tremendo el poder de la primavera; todo es posible bajo sus largos días de luz y el fresco aroma de su brisa.
ResponderEliminarPor fin colgamos los abrigos y junto a él, la pereza que acompaña al frío.
El amor que no existe aparece, y el que existe se refuerza.
La depresión deja paso a la astenia, mucho más llevadera, por supuesto, y las alergias, pero también a las risas de infinitos dientes de anuncio.
Las mañanitas de abril se disfrutan remoloneando entre sábanas....
¿A quién no le gusta la primavera?
En pocas palabras, has definido la primavera de una forma maravillosa. Gracias guapa.
ResponderEliminarUn beso
La primavera la sangre altera...para bien y para mal...
ResponderEliminarun abrazo
Toda la razón Suso. Esperemos que sepamos controlarla.
ResponderEliminarUn abrazo
Bendito seas: Tú recibes mi amada primavera, y yo me acerco al ocre otoño. Si existe estación privelegiada y dulcemente soñada ,es esa cuando las flores besan los rayos, y todo fluye como si fuesen manantiales de placer. En fin, ahora les toca a ustedes disfrutarla.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias Taty por acercarte a este rincón de España y por tu hermoso comentario.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muy buena reflexión, me queda decirte: ¡VIVA LA PRIMAVERA!
ResponderEliminarLastima que en Buenos Aires estemos en otoño.
mariarosa
El otoño también tiene su encanto. Gracias por visitarme.
ResponderEliminarUn abrazo
Jeje, que buen artículo Luismi y que razón. Pobre de aquel al que NO le pique el aguijón del amor en estas fechas...aunque hay veces que pobre de aquel al que le pique... jeje.
ResponderEliminarMuy bueno Luismi, te leo, pues me relajas.
Saludos desde Cáceres
Muchas gracias Raúl por tus palabras y bienvenido. Recorreré tu blog con la tranquilidad que se merece.
ResponderEliminarUn abrazo
La primavera es perfecta. Calor de dia, frio de noche. Mucho viento, el sentimiento de libertad.
ResponderEliminarYo ahora estoy pasando por el otoño aqui en Uruguay. Igual es divino tambien. Es la estacion de la tranquilidad y contemplacion
saludos!
A mí el otoño es una estación que me encanta también. Con sus cambiantes días y sus colores pálidos. Que lo disfrutéis por Uruguay.
ResponderEliminarUn abrazo