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lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Y usted?


En un patio de un antiguo edificio, charlaban distendidamente unos hombres y mujeres bien vestidos. Relajados en amigable charla, reían y hacían gestos ostensibles de encontrarse al margen de preocupaciones, agobios e insatisfacciones propias de los tiempos actuales.

No parecían hacer mella en ellos la tan cacareada crisis económica que azota salvajemente los bolsillos de millones de personas en todo el mundo, ni la desesperanza y pesimismo generalizado en la sociedad actual.

Incluso se jactaban de un control total de la situación. Su esfuerzo, su sapiencia, sus derechos y fundamentos, constituían una base sólida y casi infranqueable como salvaguarda ante posibles desastres personales o en su entorno más cercano.

Casi no se percataron de la presencia de una hermosa mujer solitaria que deambulaba entre los corrillos formados por tan insignes contertulios.

Alguien, por fin, fijó la vista en ella pues sus ropajes y apariencia general, denotaban un cierto aire de simplicidad para nada acordes con un mínimo alto status social exigible entre los allí reunidos. Incluso padecía cierta humildad impropia del lugar y momento.

Con aire de autosuficiencia, paso firme y falsa sonrisa, se acercó y encarándose a la mujer le preguntó:

- ¿Nos conocemos?

- Difícilmente, contestó ella con voz firme y a la vez melodiosa.

- Nunca la había visto por aquí, pero el caso es que su cara me suena.

- Quizás sea porque mi cara, en el fondo, resulta bastante vulgar.

- No sé, no sé. ¿Algún familiar o amigo muy cercano que la haya invitado a esta reunión?

- No exactamente. Vine a visitarles animada por mis dos hermanas. Ambas me comentaron que era muy necesaria mi visita para enseñarles todo lo que yo he aprendido durante tantos años y que parece que ustedes tienen muy olvidado.

- Pues no sé, quizás si me dice ¿quiénes son sus hermanas?

- Mis hermanas son Esperanza, que no para de viajar y Justicia, a la que hace mucho tiempo que no veo.

- Pues no, no me suenan. ¿Y tú cómo te llamas?

- Yo me llamo Honradez ¿y usted?



P.D. Dedicado a esa infame parte de la clase política, sindical y social que escondidos bajo una capa de iniquidad y corrupción, campan a sus anchas por este país que aún a pesar de todo, se sigue llamando España. Que cada cual, continúe esta pequeña historia y ponga nombre a ese interlocutor. Yo de momento, como nombre de pila, le llamaré “Sinvergüenza”. Ponedle los demás los apellidos que queráis.

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