martes, 9 de febrero de 2010

Niña cansina, querida niña.

Frente a frente, tú estudias y yo te observo.

Papel y boli y me llegan los recuerdos, las vivencias
y mis ganas de hablar de tí.

De tí, pequeña niña cansina.

De esa niña que reclama besos a borbotones,
abrazos sin cautela y cariño sin medida.

La que te asusta con sus arranques
de bendita locura infantil.

La que con premeditación y alevosía,
te aprieta los carrillos y te suelta un
"pero cuánto te quiero".

La que huye despavorida ante un beso
de vaca mío.

La que se autorretrata con maestría.

La que sube y juega en altos tacones a
ser mayor, para después bajar a la cruda
realidad.

La que sueña con ser modelo de lencería
sin tener aún lencería que rellenar.

La que anhela lumbre nocturna que vele
sus miedos.

La de sonrisa fácil y lloro sentido.

La que un día de hospital, imploró ayuda
a un muñeco, sin respuesta.

La de la tierna sonrisa y entrecejo
amenazante.

La que te echa un serio y te gana;
la de mirada dulce y te pierde.

La que celebró alcanzar el metro y medio
y en medio metro te acorrala.

Esa, esa es la niña cansina. Mi niña cansina.

¡No cambies nunca!

Ahora con doce, y después con dos veces doce,
no dejes de ser la niña, nuestra niña, mi querida
niña cansina.

Te quiero

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