Fue una tarde gloriosa en todos los sentidos. La compañía de los míos, un ambiente distendido, buen fútbol y triunfo de mi Madrid.
Añadamos a todo esto, la genialidad de esos monstruos de la radio que son Paco González, Pepe Domingo Castaño, Jorge Armenteros… etc. y sazonando aún más la tarde David Bustamante y Dani Martínez que nos provocaron más de una risa a todos los que allí nos habíamos congregado.
Pero hubo un
detalle que me resultó enriquecedor como persona.
Un hombre de
mediana edad llamó poderosamente mi atención, porque reflejaba en su rostro una
felicidad que en aquel momento no llegué a comprender muy bien.
Un hombre
sentado, de complexión fuerte, de mirada expresiva, se movía como un niño
inquieto y ojos que no perdían detalle de todo lo que allí sucedía, se
comentaba o se visualizaba.
Vi sonrisas
en su cara, admiración, perplejidad y algún atisbo pasajero de decepción,
tapado rápidamente por una nueva sonrisa.
Nada fuera
de lo común, salvo porque este señor era aficionado del Barça y como compañera fiel
tenía una silla de ruedas que suplía las dos piernas que le faltaban.
Toda una
lección de superación, deportividad y ganas de vivir y disfrutar de “esas
pequeñas cosas” que la vida nos ofrece.
Nos
marchamos y dejamos atrás toda nuestra admiración hacia un hombre y su sonrisa.

Además de disfrutar, siempre te fijas en alguien y eres capaz de ver lo positivo. Es verdad que se aprende mucho observando nuestro entorno.
ResponderEliminarTienes "esa virtud".
Un abrazo merengue.
Siempre hay alguien que transmite esa positividad. Muchas veces, quien menos te lo esperas.
ResponderEliminarAbrazos futboleros.