Alguien me podría decir que fifty es pura y dura pijotería modernista; pero si admitimos que la Pasarela Cibeles se denomina ahora “Madrid Mercedes-Benz Fashion Week”, estoy en mi pleno derecho a reclamar y que me admitan fifty como animal de compañía.
Desde aquellos primeros tiempos que recuerdo tomando un biberón escondido bajo una mesa y escuchando la música de cuatro melenudos de Liverpool hasta hoy, han pasado muchas cosas.
No todas buenas, pero tampoco malas. Pasamos de siglo, pasamos de régimen (del político y del otro), pasamos de tirarnos piedras y escalabrarnos, a jugar a ser el más rápido en enviar la mejor chorrada a través de WhatsApp.
En todo lo que abarca ese abanico de años, he conocido gentes; he conocido tierras, hecho amigos, perdido otros, he tenido y tengo mujer, hijas y suegra y mi perro sigue moviendo la cola y mirándome sin ver.
No dejé de escuchar músicas, de tocar guitarras sin guitarras ni baterías sin baquetas. Beethoven, AC/DC, El Fary o los Hermanos Calatrava; qué más da si el momento y el lugar fueron los mejores y la compañía realmente acompañó.
Momentos duros los hubo también. Pero creo que la inmadurez madura que ahora padezco, me ha convertido en todo un experto en arrancar a tirones lo positivo que los sufrimientos de la vida nos “regalan”.
Sí, hoy cumplo fifty y quiero compartir mi alegría con mi familia, mis amigos y todo aquel y más aquella, que vean en este fiftyentón a alguien que no les cae mal del todo.
Un recuerdo especial a los que se fueron y me verán soplar velas desde muy alto.
Muy especialmente también a ese amigo enfermo que me hace ver con su amistad que una sidra vale más que mil palabras.
A tod@s, gracias por formar parte de esos fifty años.

