Hoy el tren de cercanías parece otro. Quizás su color sea el mismo de siempre. Sus asientos, sus paradas, su destino, e incluso sus gentes, sean las mismas. Pero hoy va más cargado; cargado de recuerdos. Exactamente, de 192 recuerdos.
Recuerdos de una mañana de hace diez años, en la que 192 vidas, ilusiones, ganas de vivir, de trabajar y alcanzar metas, se vieron truncadas por la cobardía, la barbarie y la sinrazón de aquellos que desprecian con sus actos, todo atisbo de cordura o razonamiento.
Hoy, como entonces, me siento frustrado, me siento dolido y hasta los más profundos cimientos que constituyen mi persona, se tambalean al recordar lo que un once de marzo de 2004, sucedió en Madrid.
No hay juez, político, policía o incluso amigo que aún hoy pueda hacerme cambiar de opinión. Porque después de diez años, aún sigo persiguiendo un sueño o quizás una quimera que en este país parece que se sigue escondiendo tras las esquinas y cuyo nombre debería ser tan hermoso como rotundo:
“JUSTICIA”
Me llamarán como siempre, conspiranoico, fascista o algo peor; pero todos, incluso yo, tenemos derecho a pensar en libertad y así es como sigo pensando diez años después, porque hoy, como entonces, sigo sin saber o ni tan siquiera intuir verdaderamente, quién y por qué decidió destrozar salvajemente la vida de tantas personas y familias.
Me uno hoy al dolor de tantos afectados y deseo de corazón que aquella tempestad que un día me arrastró por el camino del odio, deje de sonar en mis oídos como cánticos de desprecio.
* En memoria y solidaridad con todos los afectados por el atentado terrorista del 11 de Marzo de 2004 en Madrid.



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