lunes, 4 de abril de 2016

Ebrio




Hay encuentros no premeditados que en ocasiones me dejan pensativo y ciertamente un poco descolocado por lo inhabitual.
Cierta noche como tantas otras, a la hora tardía de siempre, me pertreché de abrigo y salí a la calle como hago habitualmente, con una bolsa de desperdicios en una mano y una larga correa acabada en mi viejo amigo de cuatro patas.
El mismo trayecto de siempre, para hacer lo mismo de siempre; que este amigo realizara un equilibrio a tres patas y perdiera líquidos inservibles para todo cuerpo que se precie, sea humano o no.
Calles solitarias bajo un frío invernalmente primaveral.
A lo lejos, un hombre con pasos algo inseguros se dirige hacia nosotros.
En una situación así y a horas intempestivas y solitarias, nunca sabes a ciencia cierta lo que ocurrirá después. El caso es que este hombre al llegar a nuestra altura, frenó y mirando primero a mi amigo y después a mí, me habló diciendo:
“Disculpe, estoy un poco ebrio, pero le quería preguntar si ese perro lo compró o es adoptado”
“Lo rescaté de una perrera, hace ya casi quince años” le respondí yo.
“Entonces, que Dios se lo pague por salvarlo”
Y sin mediar más palabras, siguió su camino.
¿Ebrio?, pregunté a mis adentros. ¡Cuántos sobrios deberían existir como ese señor!




1 comentario:

  1. Por algo se dice que los niños, los borrachos y los locos siempre dicen la verdad. En tu caso además el buen hombre alabó tu buena acción.
    La gente sorprende a veces.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Se agradece siempre tu compañía y opinión. Este blog sería un algo en la nada sin comentarios.
Gracias

Clapton 2.0

Prácticamente veinticinco años pasaron desde que un asiento en el   antiguo Palacio de los Deportes de Madrid me dejó pegado a él cuando los...