miércoles, 31 de agosto de 2011

Mundos contrapuestos

Normalmente, cuando viajo en transporte público, intento aislarme de mi entorno bien leyendo algún libro, o bien escuchando música.

Pero ayer ni llevaba un libro, ni música que llevarme al oído.

Y me arrepentí, porque desgraciadamente y sin poder evitarlo, tuve que escuchar una conversación telefónica entre una abuela de mediana edad y su nieto.

Aunque uno no es dado a escuchar conversaciones ajenas y me importa un bledo lo que en ellas se diga, ésta no tuve más remedio que escucharla por el afán y empeño que esta señora ponía para que así fuera.

Nos brindó un repertorio completo de carantoñas, gestos, gritos, sonidos, etc. en una conversación telefónica muy amena que duró más de veinticinco minutos y que mantenía con su nieto de “cuatro meses”.

Y mientras que muchos incluso reían las gracias que a través del móvil esta buena señora hacía a su nieto de “cuatro meses” yo pensé que seguramente en algún lugar del mundo, un bebé de su misma edad estaría muriendo de hambre.

A veces creo que mi conciencia debería tomarse unos días de vacaciones.




viernes, 26 de agosto de 2011

Gestos inequívocos

Para los que no entienden el idioma francés:


El muchacho se despide de los padres y cuando va a arrancar el bus, la profesora les pregunta si llevan dinero para alquilar los esquís y demás equipo.


El resto, se entiende en cualquier idioma. ¡Hasta en arameo!.






¡ FELIZ FIN DE SEMANA A TOD@S !




martes, 23 de agosto de 2011

Una simple mochila


Agotado físicamente, cuelgo por última vez una simple mochila y una acreditación que un día me entregaron.

Sólo es una simple mochila sin mucho valor que en un principio contenía una camiseta, un abanico, un crucifijo, un gorro, una cerveza sin alcohol, un evangelio y unos planos de transporte público en Madrid.

Pero esa mochila hoy está repleta de mucho más.

Cuando hace poco más de un mes mi mujer y yo decidimos inscribirnos como voluntarios para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, jamás pensé que hoy podría sentirme con la felicidad que en estos momentos siento.

Mi única intención era la de participar como uno más en labores de ayuda informativa o ayuda personal a minusválidos de los miles de peregrinos que se esperaban para este evento. Pero por aquello de que ya tenemos cierta edad, se nos encomendó la misión de ser responsables de acogida en dos colegios públicos de Getafe.

Mi mujer se responsabilizaría de todo aquello que necesitaran unos cien jóvenes peregrinos de Islas Galápagos y Ecuador y en mi caso de cerca de doscientos peregrinos venidos desde Italia.

Debo confesar, que en un principio, esto en cierto modo me asustó. Y aún más al percibir la desorganización y cierto caos logístico para un evento de estas dimensiones. Pero me tranquilicé cuando alguien nos dijo que los españoles somos muy desorganizados, pero que al final todo resultaría un éxito, porque en buena voluntad pocos nos ganan. Y así ha sido.

Han sido días muy duros. Días de dormir y comer poco y mal. Días en los que hemos tenido que soportar estoicamente las burlas, insultos y provocaciones de personas con las que al fin y al cabo sólo me diferencio en una cosa. Que yo les tengo el respeto a ellas que sin embargo ellas no tienen hacia mí.

Ver la cara de un joven italiano mientras se pregunta y me pregunta por qué ha sido abucheado, insultado e incluso escupido por esos “pacíficos” chicos y chicas del movimiento 15M, me hacía sentir mal, con vergüenza ajena y muy dolido por la actitud de lo que yo pensaba hasta ahora que era un movimiento necesario entre la juventud española.

Pero no quiero malgastar más mi tiempo hablando de esas personas, e incluso debo agradecerles que con su actitud sólo hayan conseguido que nuestra motivación fuera aún mayor si cabe.

Podría contar muchas anécdotas, pero sería tan extenso, que llegaría a aburrir a todo aquel que leyera esto.

De esa simple mochila, voy sacando recuerdos y vivencias que me han marcado y que han hecho sentirme en unos días, mejor persona.

Hoy recuerdo a ese joven australiano con Síndrome de Down que nos llenó de besos por un simple banderín de España que le regalamos.

Al joven Marco de Islas Galápagos que en un gesto impagable colgó del cuello de mi mujer su joya más preciada. Un crucifijo que le regalaron tras superar duras pruebas que le apartaron del mal camino que llevaba.

Y recuerdo y añoro a Amelie y Elise, dos chicas francesas que han convivido con nosotros en casa y que la llenaron de simpatía, cariño, educación y amistad que seguramente perdurará siempre en nosotros y aún más en nuestras hijas.

Recuerdo el abrazo sincero de despedida de Mateo, un italiano por el que desde un principio sentí un especial aprecio.

Cómo olvidarme de la noche en la que convivimos casi dos millones de personas bajo un intenso aguacero y viento y el silencio casi sepulcral en la celebración de la misa con el Papa.

O de ese grupo de Nueva Caledonia que hizo las delicias con sus cánticos y bailes de todo aquel que paseara por el Paseo del Prado.

O de aquellos otros que hacían de un viaje en un tren de cercanías, una verdadera delicia.

Tampoco podría olvidarme de la cara de la mujer aborigen más hermosa que yo he visto en mi vida.

De ver las calles de mi triste ciudad repletas de grupos de jóvenes de todos los continentes que las recorrían portando orgullosos sus banderas.

Y tantas y tantas cosas…,

Así que llegados a este punto, debo acabar con agradecimientos.

Gracias en primer lugar a mi mujer y mis hijas, por el esfuerzo, el tesón, sus ánimos, sus noches junto a mí para velar por el bien y la seguridad de nuestros peregrinos y por el cariño con el que los han tratado.

Gracias a los que formaron junto a nosotros un grupo unido. Lucía, Maite, Ricardo, Gabriel, Enrique, Eduardo, Sonia, Cristina, Adrián… y en especial a un grandullón de nombre Arturo que tiene un corazón, un coraje y una voluntad tan grandes como él y que si tenemos suerte, será un gran sacerdote. Un abrazo de oso para ti amigo.

A todos aquellos que sin ser voluntarios oficiales, siempre nos ayudaron ofreciéndonos sus coches para trasladar a enfermos o lesionados, o simplemente para acercarnos una taza de café.

A la Sra. Luisa, viejecita dueña de un pequeño bar, cuyas lágrimas y sus dos besos me conmovieron a la hora de la despedida.

Gracias también a todos esos madrileños que bajo un sofocante calor lanzaban agua desde sus casas para aliviar en lo posible las penurias de cientos de miles de personas que a paso muy lento, marchábamos hacia Cuatro Vientos.

Al Padre Patricio por su bondad y sabias palabras; al joven Lenín por su sonrisa permanente, a Valeria, Alexia, Antonio, Gianluca, Francesco, Sabino, Leonardo, Ricarda, Alfonso, Marco, etc.

Gracias a esas personas a las que no conozco y que en un detalle que les honra, al ver mi camiseta de voluntario se acercaban a mí para darme ánimos.

Y principalmente, quiero dar las gracias a esos miles y miles de peregrinos venidos de todas las partes del mundo que con su visita, han hecho que hoy luzca y porte con muchísimo orgullo un crucifijo que ya forma parte de mí. Mi deseo de que todos regresen felizmente a sus casas y recuerden estos días con la felicidad que hoy yo siento. Gracias a todos, por abrirme los ojos y demostrarme que los valores que yo pensaba que se habían perdido en la juventud del mundo, aún siguen ahí.

A alguien escuché decir al inicio de esta aventura, que seguramente serían pequeñas historias que formarían una gran historia. No se equivocó.

Ha sido una gran historia que cabe en una simple mochila.





































lunes, 8 de agosto de 2011

Tensando cuerdas

Saber si una persona es feliz o no, me parece harto complicado. No todas las risas, gestos o forma de vida de alguien son suficientes indicios para llevarnos a pensar que es feliz.

Como suele decirse vulgarmente, bajo esa apariencia de felicidad, puede esconderse una procesión que va muy dentro.

Me gusta observar a las personas. No confundirlo con el mero cotilleo o interés desmedido en la vida de los demás, porque aborrezco a todo aquel que practique esto.

El pasado viernes, no es que viera a una persona feliz, pero sí la felicidad reflejada en el rostro de una entrañable amiga.

Sentado a su lado mientras disfrutábamos de lo que para ella era su primer concierto de El Desván del Duende, me percaté de que sus ojos apenas parpadeaban y su boca permanecía entreabierta, como si fuera una niña asombrada viendo por primera vez a un equilibrista de circo.

Su salud, desgraciadamente destensa sobremanera esa cuerda floja de la vida en la que sigue buscando y luchando por el equilibrio que no le haga caer.

Pero el tesón, las ganas y sus ansias por vivir, son un ejemplo para mí y para todos aquellos que sin sufrir lo que ella sufre, queremos compartir una parte de esa lucha.

Sin ser orgulloso, no deja de ser un orgullo que una luchadora así me agradezca con dos besos y una total sinceridad, que por una noche, por unas horas, fuera realmente feliz.

Y estoy seguro que aún vendrán muchas más noches como ésta y sólo espero y deseo que me siga llenando la cara de besos.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Pasando revista

Hoy me enfundo en marcialidad y quiero pasar revista a las tropas.

Bajo un sol de justicia, no necesito ordenar ni mandar las formaciones.

Ni el polvo del camino logrará ensuciar sus inmaculados uniformes

Con paso lento, inspecciono a mis valientes.

No necesito arengarles en la lucha.

Todos conocen su misión.

Todos luchan por vivir y todos morirán viviendo.

La lucha no puede ser estéril. La muerte, nunca será el final.

Orgulloso de este gran ejército, vuelvo a mi ciudad de hormigón.












































lunes, 1 de agosto de 2011

Ego te absorbo

Fueron quince días de desconexión con la rutina diaria, semanal y mensual que más mi mente que mi cuerpo reclamaban a gritos. Más que desconexión, yo diría que llegué a desenchufarme del todo sin ocasión a que ningún dispositivo de reinicio automático activara las neuronas del estrés, la incertidumbre y los problemas que nos acechan.


Marché a tierras verdes con olor a manzana, calles limpias y música de gaitas. A la tierra que siempre nos acoge como hijos suyos. Días grises nos acompañaron, días de lluvia, de viento, incluso de frío; pero no necesité ropaje alguno, ni paraguas protector.


Me bastó el calor de su gente, la amistad del buen amigo, respirar su aire limpio, la quietud de un hermoso parque donde por fin acabar la lectura del Quijote, mientras un pavo real de hermoso plumaje se pavoneaba delante de mí.


No encuentro mejor medicina para curar problemas o restañar quebraderos de cabeza.


Y no hay mejor jarabe que una sidra brindada entre amigos mientras una fabada en pleno verano nos pide a gritos una buena siesta.


Marché de esta tierra como siempre suelo hacerlo, con el corazón en un puño y los limpiaparabrisas de los ojos a pleno funcionamiento mientras de fondo sonaba el himno que todo “Asturiano de Cuenca“ siente como suyo.


Tuve que cambiar el chip para que esta vez el “Conquense de Cuenca” acabara sus días vacacionales en La Mancha más dura, seca, llana y seguramente más incomprendida de todas.


Diferente paisaje, diferentes gentes, pero siempre también con el cariño de la familia, el frescor de una buena cerveza y el sonido de un solitario grillo que todas las noches se unía a la fiesta que para mí resulta poder tumbarme a la bartola mientras puedo disfrutar de un cielo estrellado sin edificios que me lo impidan, ni ruidos que rompan el relax.


¿Todo tiene su encanto verdad? Pero claro, también el encanto se acaba y llega el lunes temido. El lunes ese en el que uno escucha algo parecido a un despertador, hasta que se da cuenta de que efectivamente lo es.


Día de vuelta al autobús mañanero de un conductor que te da los buenos días a regañadientes y de un Metro de Madrid que te acoge con ese calor humano y no tan humano de siempre.


Pero también día de vuelta a un teclado, un ratón y una pantalla que me abre casas amigas que hace días que no visito y a las que poco a poco llamaré a su puerta para reencontrarme con las buenas letras y la buena gente que las habitan.


Mientras tanto, hoy es día de decirle a Madrid…



“Ego te absorbo” poco a poco…


La hora de los buenos

  No hay mayor silencio que el silencio del olvido. Y no quisiera ser yo quien pasara de puntillas sin opinar por la historia más reciente d...