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miércoles, 26 de agosto de 2015

Con sabor a miel

Uno nunca ha sido un tipo sorpresivo ni sorprendente; como tren por una vía, sigo el curso de mi vida sin acelerar demasiado por riesgo a cualquier seguramente poco probable descarrilamiento.

Hay gente que vive al límite o incluso lo supera; no soy yo. Quisiera, en ocasiones, pero no. Admiro a innovadores, truhanes sin maldad y echaos pa’lante con cabeza sobre los hombros o buscadores de sensaciones perdidas o por encontrar.

Por todo ello, ahora con la sensatez, la calma y la retrospectiva que un café entre las manos me puede dar, miro atrás en pocos días y con media sonrisa, me digo a mí mismo: “¿ves?", "hiciste bien”.

Le debía una a esa mujer que un día maleta en ristre mirando mi cara de sorpresa en una estación de tren me invitó a vivir una aventura de horas en esa ciudad famosa por su acueducto.

Y me dije: “este es el momento de devolvérsela”. Vacaciones, tienes; ganas, también; ¿dinero?, nunca; pero el suficiente. ¿Motivo? dos que yo valoro y valoraré siempre, que no son otros que la cultura y amistad.

Así que viendo pros, contras, o quizás, concerté hotel sin estrellas pero con huevos estrellaos y con depósito lleno de gasolina e ilusiones, pusimos rumbo hacia tierras extremeñas con la entrañable certeza de volver a escuchar sones y voces amigas.

Igual que el vaivén de muchos kilómetros de sus curvas entre montes y llanuras, nos acompañaron en ese viaje recuerdos a noches de rumbas, cervezas y abrazos que parecían muy lejanos y con los que llegamos a nuestro destino.

Nuestra ahora un poco maltrecha salud, podía coartar pero nunca impedir las ganas e ilusiones de otros tiempos con noches de luna y candil.

Todas las conjeturas, todas las dudas, todo aquello que podía hacernos pensar si el objetivo era loable o no, se convirtieron en una maravillosa afirmación cuando en un lateral de escenario, mientras unos músicos probaban sonidos y acordes, nos plantamos y esperamos casi agazapados en la noche.

Allí, en todo lo alto, una mujer conocida; una guapa mujer con brazos en jarras y cuya voz cautiva, miraba al frente atenta a indicaciones de técnicos y compañeros.

De repente, miró a su izquierda y a voz en grito como el vigía de Fort Apache, gritó por micro: “la familia Zarco”.

Sólo por eso y sintiendo la alegría de ese grito, ya supe que ese viaje había merecido la pena.

Después, vendrían abrazos de esos que sólo los hombres o los amigos se saben dar, cuando hace mucho tiempo que no se ven.

Charlas, cervezas, más charlas y más cervezas, no hicieron sino aumentar y afianzar lo que siempre ha existido desde hace ya más de siete años; una dulce relación de admiración, arte, respeto y deseos de futuros encuentros.

No hablaré esta vez del espectáculo sobre las tablas; tiempo habrá más adelante para realizar una crónica de lo que mis oídos siempre agradecen.

Y así habiendo disfrutado sólo un amanecer por esas tierras, regresamos al hogar con una sonrisa y un pequeño tarrito lleno de recuerdos con sabor a miel.











P.D. Dedicado especialmente a unos grandes artistas y mejores personas. A Jorge, Paquillo, Lupe, Antonio, Fermín, Miguel y Carlos . Diván du Don, gracias por una de esas noches que tanto echábamos de menos.








lunes, 27 de julio de 2015

Marco natural

Naturaleza, música y gente, mucha gente. Nada incompatibles unos con otros si la bondad de esos tres elementos además se alían con una maravillosa temperatura ambiente alejada del bochorno de la gran ciudad.

Todas esas coincidencias se dieron cita el pasado 25 de julio en Hoyos del Espino (Ávila) con motivo de la 10ª Edición de Músicos en la Naturaleza que de forma ininterrumpida se celebra en pleno corazón de la Sierra de Gredos.

Mi santa y yo teníamos allí una cita ineludible para hacer efectivo el regalo de cumpleaños que unos meses atrás tuvieron a bien hacerme.

Poco faltó para no haber podido acudir a esa cita por un como siempre inoportuno cólico que casi da al traste (no de guitarra) con mis ilusiones de un gran día de música.

Debo ser de esos hombres que tropiezan siempre con la misma piedra (de riñón).

Afortunadamente, no fue nada tan grave que un par de botellas por vena no pudieran solucionar.

Esta aventura lúdico-músico-ambiental, tuvo sus comienzos en la puerta 0 del inigualable Estadio Santiago Bernabéu, desde el que en dos autocares partimos rumbo a Gredos a eso de las 15:45h.

Viaje un poco largo quizás. Carreteras marcadas por GPS de un conductor que entre curva y curva y vaca a vaca, mareó el estómago de algún joven pasajero. Alguna cuesta demasiado inclinada que casi provoca el tener que bajar para empujar el autobús, pero sin incidentes reseñables.

Mereció la pena un trayecto tan sinuoso, para llegar a contemplar desde lo alto el objetivo final de nuestro viaje.

Una larga serpiente de vehículos hicieron de los dos últimos kilómetros un verdadero “quiero y no puedo” avanzar.

Pero al fin y al cabo, llegamos con tiempo de sobra incluso para comernos esos maravillosos bocatas que dentro no nos permitían comer, pero que fuera del recinto de conciertos, nada ni nadie nos podía impedir devorar.

Largas colas primero para conseguir la pulsera de acceso y luego para acceder al recinto, no sin antes obligarnos educadamente el personal de control a despedirnos de nuestras botellas de agua con o sin tapón.

Es decir; yo podía entrar con catorce móviles antiguos, sillas de montaña plegables o pilas de todos los tamaños y colores para arrojar a quien me viniera en gana y sin embargo, las botellas de agua estaban consideradas como armas letales. Increíble, pero cierto.

El caso es que, con o sin agua, aproximadamente a las 19:00h. el Luismi y señora, por fin podían contemplar en toda su extensión el recinto en el que hora y media después tendría lugar el comienzo de una maravillosa tarde-noche de buena música y espectáculo grandioso.

Tiempo hubo de visitar W.C. portátiles que para sorpresa sobre todo de las mujeres, eran unisex y prácticamente las obligaba a saltar para alcanzar el objetivo de volcar desperdicios sin dejar gota. Tarea, que luego se supo, era totalmente imposible.

También hubo tiempo de visitar la carpa de merchandising, en la que una simple camiseta te abría los ojos de sorpresa a golpe de 35€.

Un recuerdo es un recuerdo, pero 35€ no dejan de ser 35€. Así que me contenté con haber adquirido antes de entrar otro de esos recuerdos, a menos de la tercera parte de su coste.

Así minuto a minuto, sentada a sentada, el sol se fue ocultado poco a poco por detrás de un enorme escenario que a eso de las 20:30h. se comenzó a iluminar con las imágenes proyectadas en cuatro enormes pantallas verticales como inicio puntual del primer concierto de la noche.

Fito y Fitipaldis o lo que es lo mismo, el señor Cabrales y unos pedazo de músicos que le acompañan.

Debo decir que nunca he sido un gran seguidor de la carrera musical del bilbaíno, pero tampoco callaré que siempre lo que escuché de él, me gustó. Incluso, aunque sea algo en desuso, me pareció de ley comprar el disco original de su último trabajo “Huyendo conmigo de mí” con un DVD, explicativo de la filosofía de esta obra explicado por sus propios protagonistas.

Habrá mucha gente que dirá que Fito siempre suena igual y que escuchado un disco, escuchados todos. Quizás no les falte algo de razón, pero yo haría una simple pregunta aún en el caso de que fuera así:

¿Y?

Porque si un estilo musical te gusta; si unas composiciones y unas letras te hacen mover pies, gargantas y pensamientos, no seré yo quien busque perfecciones a modo de gran crítico que no soy.

Por eso, viendo, escuchando y degustando el espectáculo que me ofrecieron durante casi dos horas de concierto, sólo puedo decir una cosa:

¡Chapeau Sr. Cabrales! Como artista, guitarrista y vocalista, me pareció usted muy grande aunque su estatura no lo sea. 

Y como espectáculo audiovisual, creo y me siento muy orgulloso por ello, que ya quisieran muchos “grandes” internacionales por los que en este país mucha gente pierde el culo, ofrecer lo que su banda y Vd. ofrecen. Grandes músicos para grandes temas y un enorme espectáculo. Resumiendo, “disfruté como un enano”.

En cuanto a Mark Knopfler, tipo al que sigo y persigo desde hace ya unos treinta y siete años, poco que contar, que no supiera ya. Knopfler, es Knopfler y punto.

Incluso con el tiempo y esa edad que sigue avanzando, diría que se está haciendo entrañable, aún a pesar de ser una de las pocas leyendas vivas que extraen arte de unas cuerdas de guitarra.
Foto Internet

Un concierto de Knopfler es para paladearlo en toda su extensión. No busquemos nunca en él un gran espectáculo de luces y sonido. Knopfler es su guitarra y él, acompañado de una banda de virtuosos multiinstrumentistas. A partir de ahí, los nostálgicos de los Straits flipamos con Sultans, Telegraph Road, Romeo & Juliet o Going Home, mientras los más cercanos en el tiempo, lo hacen con Speedway at Nazareth, Privateering o Corned Beef City, para acabar todos diciendo de común acuerdo:

“Sigue siendo el Knopfler”. Y hasta ahí puedo leer, hasta ahí quiero escribir, porque llegamos a casa con las primeras luces del día, cansados, pero felices de haber vivido una experiencia inolvidable en un salvaje marco natural.











Foto Guy Fletcher



lunes, 16 de julio de 2012

Otro grande

No son estas entradas las que más me gusta escribir precisamente, pero hay personas o personajes que de algún modo ocupan también un trocito de mi historia.


Hoy ha fallecido a la edad de 71 años y víctima de un cáncer de páncreas, Jon Lord.


Para la amplia mayoría de los que alguna vez habéis leído lo que aquí escribo o comparto, ese nombre no os dirá absolutamente nada. Pero si os digo que fue uno de los fundadores de DEEP PURPLE, la cosa cambia.


Con él ha muerto uno de los mejores teclistas que el planeta Tierra ha dado a luz. Y con él también se va una parte de la mejor historia de la música heavy que ha formado parte y aún hoy lo sigue haciendo en mí.


Mi pequeño homenaje a otro de los grandes, que aunque se haya ido, sigue sonando en la banda sonora de todos los que amamos su música.


D.E.P. Mr. JON LORD




domingo, 12 de febrero de 2012

Una más

Un domingo más y otro de esos días en los que uno se levanta escuchando una noticia que sin ser inesperada, siempre nos deja algo fríos.

Una mujer hermosa, una mujer con una voz única, un prodigio como artista.

Pero también una mujer que teniéndolo todo, quiso jugar a buscar la nada y hoy la encontró a los 48 años de edad en la bañera de un hotel de Beverly Hills.  

Como a todo gran artista, desde aquí mi pequeño homenaje a la gran Whitney Houston.





domingo, 5 de febrero de 2012

Qué os voy a contar ya...

Hablar de lo que aconteció el pasado día 3 de febrero en la Sala Caracol de Madrid en la presentación del nuevo disco de El Desván del Duende, sería muy fácil en mi caso, aunque los que ya me conocéis de hace tiempo, pensaríais que es más de lo mismo. Y efectivamente, no os equivocáis.

En una gélida noche madrileña, la rumba-reggae-rock-balada calentó el ambiente hasta su máxima expresión. La gran entrega de siempre, la profesionalidad de la que hacen gala, el sonido impecable, la alegría que contagiaron a los varios centenares de personas que pusimos el cartel de “completo”, esa unión con el público y en definitiva, ese buen rollo del que todos nos impregnamos cada vez que asistimos a uno de sus espectáculos es el más corto y mejor resumen que puedo hacer de otro gran espectáculo.

Pero también los que me conocéis sabéis de mi afición por buscar pequeños detalles en cada una de estas vivencias. Unas veces, esos detalles los encuentro y otras vienen solos.

Y son esos detalles los que a la larga quedan en la memoria y aún más en la mía que suele ser de pez globo.

Recuerdo de esa noche, que al tener que ir obligatoriamente a realizar algo que nadie podía hacer por mí, recorriendo toda la sala desde casi el escenario hasta la salida, casi al llegar escuché algo así como ¡Luismi! ¡Luismi!. Y al volverme, me encontré con un hombre más joven que yo, lo cual no es tan difícil, que con cariño inmenso me saludó y me recordó que nos conocimos en otro concierto de estos amigos que tenemos en común.

Parece increíble que sin apenas habernos visto más que un par de veces, habláramos como si nos conociéramos de siempre y con un respeto y admiración mutua digna de elogio. Me alegro enormemente de este encuentro y por ello no podía dejar pasar la ocasión de hablar de este hombre de nombre Nacho y a partir de ya con apellido “amigo” ,

Son estos los detalles que afortunadamente me han tocado vivir prácticamente en cualquier nuevo espectáculo de estos grandes artistas que consiguen con su música y su trato con la gente, un ambiente sano de arte y amistad.

Como el gran Miguel Vivas escribió en la dedicatoria que me hizo en el disco, “En fin… más de los mismo. Qué te voy a contar ya.”




miércoles, 7 de diciembre de 2011

Difícil elección

Estos días de fiesta sí, fiesta no, me desconciertan. Las letras no me atraen, los constipados se atraen ellos solos y sólo me queda la música por compañera en mis distracciones caseras. Y estaré medio griposo, sí. Pero eso no acabará con mis ganas de buena marcha. Y como todo el mundo, tengo mis dudas a la hora de elegir.

No sé si algo así...




o tal vez esto...







o ni pa tí ni pa mi.





¿ Me ayudas a elegir ? Se agradece.

martes, 15 de marzo de 2011

Eagles


Fotos Luismi

Un 21 de julio de 2009, tuve ocasión de vivir una de las experiencias más gratificantes que recuerdo. Mi pasión por la música no tiene fin y ese día era de obligado cumplimiento acudir al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid.

Una banda legendaria de sesentones, consiguieron que el que escribe realizara un gran esfuerzo económico para adquirir cuatro entradas con las que esta familia estaba dispuesta a pasar una gran velada.

Actuaban en Madrid, Eagles. Una banda que nunca deja indiferente al público. He disfrutado y disfruto de su música desde que hice la primera comunión, allá por el siglo pasado.

Su música forma parte de mi vida y la de los míos. La cintura de mi mujer he acariciado muchas veces en un carrusel de vueltas y vueltas mientras de fondo sonaba una canción que hablaba de un cierto Hotel California.

Mis niñas han crecido rodeadas de este ambiente musical desde que nacieron. No eran ni mucho menos unos desconocidos para ellas y en sus caras vi la ilusión reflejada al enterarse que podrían verlos actuar.

A quien madruga, dicen que Dios le ayuda. Nosotros no madrugamos, pero sí que con varias horas de antelación y bajo un sol sofocante nos encontrábamos entre el selecto grupo de primeros fans que corrían por los pasillos del Palacio con la única intención de contemplar el espectáculo lo más cerca posible.

Y llegó la hora del show. Se apagaron las luces y apoyados en la barra de protección entre el escenario y el público, nos quedamos muy quietos hasta que sin previo aviso y bajo multitud de focos multicolores, aparecieron en escena y perfectamente alineados los cuatro Eagles que aún quedan de su formación original.
A pocos metros de nosotros comenzaron su recital Glenn Frey, Don Henley, Joe Walsh y Timothy B. Schmidt, junto a un gran grupo de acompañamiento.

No hablaré de los temas con los que nos deleitaron a los más de 12.000 seguidores que allí nos congregamos, pero sí diré que sobre ese escenario se notaba que había un grupo de músicos de leyenda.
Sonido extraordinario y puesta en escena impresionante.

Observando a mi hija mayor, gran aficionada a la percusión, cómo tocaba una batería imaginaria emulando al propio Henley, me dí cuenta que el esfuerzo mereció la pena.

Y comenzaron las sorpresas...

Mediado el concierto, hubo diez minutos de descanso, algo poco habitual en este tipo de espectáculos, pero que yo agradecí para intercambiar impresiones. En esas estábamos, cuando se nos acercó un armario de tres cuerpos en forma de hombre de color, que en un perfecto inglés que por supuesto no entendimos, le habló a mi hija pequeña a la vez que le entregaba un pequeño paquete.

Y como vino, se fue, dejándonos con la intriga.
Como un ritual lo abrimos y la sorpresa fue mayúscula cuando vimos su contenido.

Cuatro púas de guitarra de diferentes colores, personalizadas con los nombres de los cuatro Eagles. Los ojos como platos y un detalle inolvidable hacia mis niñas.

Pero no acabó ahí la cosa, no. Al finalizar la primera canción tras el descanso, se acercó a nuestra altura el propio Glenn Frey y desde el escenario y con gestos inequívocos, nos preguntó si habíamos recibido el regalo.

Si en ese momento hubiera podido, además de darle las gracias, juro que le hubiera besado.

Y así entre canción y canción, el concierto finalizó y los cuatro Eagles, se despidieron de un público entregado y entusiasmado ante lo que habían visto y oído.

Cuando las luces se encendieron, vi rostros de felicidad a mi alrededor. Y también vi a otro tipo de seguridad que venía directo hacia nosotros y que apartando a la gente, pude oirle que decía: "Esto es para la niña". Y sin mediar palabra, le entregó a mi hija lo que yo en un principio pensé que era quizás un póster y que resultó ser uno de los juegos de baquetas que usaron durante el concierto y cuyas muescas en la madera, dan fe de ello.

La cara de incredulidad nuestra, se unió a la de perplejidad y cierta envidia sana del resto.

Fueron más de dos horas de un gran espectáculo y cansados, pero con la felicidad como santo y seña, paseamos en busca del retorno a casa, con un sabor dulce en la boca y el recuerdo imborrable de una noche extraordinaria en la que vimos volar unas águilas majestuosas por el cielo de Madrid.





lunes, 7 de marzo de 2011

Letra y música

Uno intenta escribir lo que piensa. Volcar en el teclado una idea, un pensamiento, una vivencia o un poquito de humor. Con ese ánimo y con mayor o menor fortuna, intento llenar de letras este pequeño rincón.

Escribir y compartir lo escrito, era y es mi única intención. Sin otra pretensión que la de llegar a alguien, conocer buena gente y provocar quizás un sentimiento, una sonrisa o una crítica constructiva.

Con creces, todo esto ya lo he conseguido, pero como decía la canción, "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida".

Y un buen amigo, ha tenido a bien sorprenderme de un modo que jamás podía sospechar.

Alfonso Baro, desde su azotea, me ha sorprendio convirtiendo en canto, haciendo canción a esa "querida adversidad" a la que en mi última entrada escribí.

No tengo palabras de agradecimiento suficientes hacia este buen amigo, que siempre me acompaña en las aventuras y aún más en las desventuras.

Desde aquí, mi agradecimiento y reconocimiento más sincero.

Muchas gracias amigo.


Enlace :       Mi querida adversidad (Alfonso Baro Alcedo)

                                                                

lunes, 7 de febrero de 2011

Ahí queda eso

Como su propio nombre indica, el blues va unido en muchas ocasiones a un sentimiento de tristeza o melancolía. Hoy es uno de esos días en los que uno desayuna con esos sentimientos escuchando una noticia que por inesperada, resulta más impactante.

Ayer falleció a la edad de 58 años, uno de los más grandes bluesman y guitarristas que nuestros oídos hayan podido escuchar jamás. Y ha querido el destino que fuera en Estepona (Málaga) el lugar en el que ha dejado de existir el señor Gary Moore.

El blues hoy está de luto y con él millones de seguidores que como yo nos hemos visto identificados en cada uno de los punteos de este irrepetible artista.

Uno de esos personajes que se han marchado por sorpresa y sin hacer ruido y que como epitafio siempre podría escribir :

Ahí queda eso”



domingo, 3 de octubre de 2010

En Vivo 2010

Siempre me gusta hacer una pequeña crónica de los grandes conciertos a los que asisto y no podía ser menos cuando en mi ciudad se ha celebrado durante tres días un macrofestival, con grandes nombres de la talla de Fito & Fitipaldis, La Cabra Mecánica, Bebe, Macaco, Rosendo, Burning, Celtas Cortos y un largo etcétera hasta completar más de setenta bandas del panorama musical español.

Debo confesar que en un principio, no era mi intención acudir a esta cita por diferentes motivos, pero una llamada de José Manuel Díez (cantante de El Desván del Duende, además de amigo) ofreciéndome dos invitaciones para presenciar su actuación en la primera jornada de este festival el pasado treinta de septiembre, encaminó mis pasos y los de mi niña pequeña hacia allá. Desde aquí quiero dar las gracias a Josele, porque mereció muy mucho la pena el asistir. Gracias Jose.

La hora en la que actuaban (17:20h) , quizás no sea la mejor para triunfar. Primer día de conciertos, día caluroso y soleado, día laborable y la juventud que aunque sin descanso, acudían al recinto con cuentagotas quizás más interesados en los conciertos nocturnos.

Nosotros llegamos sobre las 16h. y ya tuvimos tiempo de ver algunas actuaciones antes de que comenzara el concierto del grupo que realmente nos interesaba.

Pruebas de sonido habituales y con puntualidad anglo-getafense, comenzaron su actuación a los sones de "Vino de la Tierra". Y allí nos encontrábamos nosotros apoyados en la valla de separación con el escenario, igual que el día que los escuché por primera vez cuando fueron teloneros de UB40 hace ya más de dos años.

Y la gente comenzó a arremolinarse a nuestro alrededor y casi sin darnos cuenta, nos vimos rodeados de un ambiente de juventud exultante que desde la primera canción ya empezaban a moverse al son de la música que estos locos desvaneros nos ofrecían.

Y sonaron "13", "Los días son aburridos", "Pinchitos"... y varios temas más que hicieron las delicias de todos los que allí nos encontrábamos. Y vi sonrisas de complicidad en Miguel mientras tocaba la guitarra, y vi a un Josele desatado correr por el escenario aún a riesgo de perder los pantalones, y escuché grandes punteos de un Jorge sobresaliente, a Carlos enfundado en una camiseta de fútbol y casi celebrando goles, a Lupe guapísima con su vestido negro y su gran voz, a Joaquín tocando el saxo con su maestría habitual, a Sito aumentando la percusión a límites insospechados y al gran Antonio Rumbakey dejándose la piel de sus manos en su fiel cajón flamenco.

Y triunfaron. Y la prueba de su triunfo, es que el concierto se nos hizo corto, muy corto. Y era un comentario general entre los chicos y chicas que por allí se batieron en palmas al acabar la actuación.

Después vendrían los abrazos, la firma de discos, pequeñas charlas, sonrisas y alegrías por doquier. Sólo pondré un pero a una tarde memorable. Me faltó una cerveza entre amigos; pero como hay más días que longaniza, ya llegarán.

Y así nos marchamos del recinto. Con una sensación de alegría, de buena música, de reencuentro con amigos y de que en una tarde soleada de septiembre, muchos corazones quedaron impregnados de macetas de colores.


 

viernes, 30 de julio de 2010

Un tipo sencillo


Dentro de mis inquietudes culturales, siempre ocupa un lugar predominante la música.

Uno de los grupos cuya carrera musical he seguido fielmente, es Supertramp. Grupo éste que con más de sesenta millones de copias vendidas de sus discos, se ha mantenido como una de las mejores bandas de la historia de la música.

Su último concierto con la formación al completo en Madrid, fue en el Campo del Gas a principios del mes de julio de 1983. Esa tarde, acompañando a un amigo, recuerdo como si fuera hoy mismo, contemplar desde el exterior el inmenso escenario. Llevaba dinero en el bolsillo y todavía quedaba alguna entrada en taquilla, pero cierto grado de sensatez me decía que no entrara porque al día siguiente muy temprano, me incorporaba al servicio militar.

Esta fue una decisión de la que me he arrepentido durante veintisiete largos años, hasta ayer.

Junto a mi hija mayor, asistimos en abril de 2002 al concierto de esta banda en la Plaza de Toros de Vistalegre. Gran concierto, pero al que le faltaba algo.

Ese algo, tiene un nombre y es el compositor y vocalista de la mayor parte de los grandes éxitos de Supertramp. El señor Roger Hodgson.

Este señor, actuó ayer en Madrid dentro de los conciertos organizados en Los Veranos de la Villa.

Debo confesar que no tenía intención de asistir, pero algo en mí me decía el día anterior que no debería perdérmelo. Así que ni corto ni perezoso, adquirí dos entradas para que ese mismo padre y su hija, algo más creciditos, se deleitaran con la música del único miembro de esta gran banda que no conocíamos en directo.

Día de mucho calor en Madrid, pero con ráfagas de viento que hacían más soportable la tarde.

Transporte público, como siempre, y parada en el metro de Puerta del Ángel.

Nombre premonitorio, porque pienso que algún ángel intervino en todo lo que vino después.

La apertura de puertas estaba programada para las 21 horas, pero nosotros, en un alarde de impaciencia y como no conocíamos la zona, decidimos aparecer por allí sobre las 18 horas.

Pocas, muy pocas eran las personas que en los alrededores del recinto esperaban quizás un autógrafo o una fotografía si el artista se dejaba ver.

Y comenzaron a concatenarse los hechos. No llevábamos ni cinco minutos por la zona, cuando una furgoneta azul de cristales tintados, se acercó y se detuvo justo delante nuestro.

Grande fue la sorpresa cuando al abrirse la puerta, apareció el mismísimo Roger Hodgson regalando sonrisas y saludos a las aproximadamente quince o veinte personas allí congregadas.

A pesar de mi deficiente inglés, conseguí reclamar su atención pidiéndole fotografiarme con él a lo que accedió muy amablemente.

Brazos a los hombros, pose cordial y sonrisa en el rostro y mi hija nos hizo la fotografía que todo fan de este artista quisiera tener.

Pero no todo podía ser tan bonito, no. Faltaba la emoción de percatarnos cuando se marchó, que esa fotografía no se había realizado porque en mi nerviosismo lógico ante una oportunidad así, no pulsé los botones adecuados.

Lo primero que en esos momentos te viene a la cabeza, es pensar “Soy tonto, soy tonto, rematadamente tonto”. Desconsuelo inicial, resignación posterior y rápidamente, con nuevas ganas de asistir al concierto que era para lo que realmente habíamos ido.

Pero ese ángel que ayer sí me guardaba, quería darme más sorpresas en forma de una pareja que encontrándose en nuestro camino y sin conocernos de nada me comentan si quiero un pase para asistir a las pruebas de sonido que la emisora M80 había regalado a los ganadores de un concurso. Les sobraba uno y quisieron ofrecérmelo a mí. Mi cara de perplejidad tuvo que ser grande y fue mi propia hija quien me animó a aceptarla, como así hice.

Nunca podré agradecer lo suficiente a estas personas su hermoso gesto.

Así que pegatina a la pechera y acceso al recinto para desde las gradas poder presenciar algo que normalmente está vedado al público.

Y aquí interviene otro ángel en forma de hermosa mujer, de nombre Mónica Ordóñez y de profesión locutora en M80 Radio, que con su buen hacer, sus gestiones con la manager del artista y su simpatía, consiguió que ésta accediera a la petición de poder fotografiarnos el grupo de agraciados con Roger.

No sólo eso, sino que esa fotografía se iba a realizar en el lugar más apropiado y soñado por cualquier fan. Subidos al propio escenario del concierto.

Y allí pude cumplir el sueño de todo fan. Conocer, conversar y fotografiarme con mi gran ídolo de juventud.

Me llamó la atención, ante todo, su simpatía. Es un tipo sencillo, de trato muy cordial, de mirada tranquila que transmite paz.

Y así conservo en imagen fotográfica el recuerdo de un encuentro imborrable.

Con esta felicidad, asistimos al concierto y sólo puedo calificarlo como memorable. Parece mentira que en un escenario ocupado simplemente por el propio Roger y el multiinstrumentista canadiense Aaron McDonald, se pueda conseguir un sonido tan extraordinario y conectar con el público como lo hicieron.

Escuchar a escasos tres metros al artista creador de canciones legendarias como The logical song, Dreamer, School, Give a little bit o Fool’s Overture con esa voz y esa forma de tocar tan magistral a sus 60 años, es una experiencia única y seguramente, irrepetible.

Y así, pasada la media noche se despidió de Madrid un tipo sencillo por el que como artista tengo el más absoluto respeto y admiración y como persona el cariño de un fan agradecido.






lunes, 14 de junio de 2010

Terapia de grupo

Cuando las personas nos encontramos en un estado de inquietud, decaimiento, soberano enfado o simplemente perdemos en cierto modo la alegría, existen métodos o remedios que siempre nos pueden surtir efecto. Uno de estos métodos es el que denominan "Terapia de grupo".

Por eso me pregunté, ¿Qué mejor "terapia" para mí que la música y qué mejor "grupo" para animarme que El Desván del Duende? Así que el pasado viernes, con el ánimo subido, el depósito lleno y un sentimiento entrañable por el reencuentro con amigos, nos trasladamos a tierras manchegas, nuestra tierra, para volver a disfrutar de un concierto en Alcázar de San Juan que de antemano ya sabíamos que no nos iba a defraudar. Y así fue. La entrega de esta gente, su música y su simpatía a raudales, marca de la casa, volvieron a dejar santo y seña en una sala a la que le faltó la esencia de la multitud.

Malos tiempos corren para la cultura en todas sus expresiones. La juventud, por desgracia y en una amplia mayoría, entienden más de la cultura del botellón que de la Cultura con mayúscula y esto se está dejando notar en espectáculos como éste y en lugares en los que aún no se les ha dado la publicidad necesaria.

Pero es en esos momentos, en los que un grupo demuestra su profesionalidad, y ante un número reducido de personas, nos enseñan que el arte no entiende de números ni estadísticas.

Pocos fuimos los presentes, pero grandes los elogios que al finalizar el concierto, se escucharon en la sala. A estos músicos, a estos amigos, sólo puedo decirles que como siempre, fue un placer escucharles y que aunque suene arcaico pueden estar satisfechos porque superaron con creces aquello de "el deber cumplido".

Dejo aquí dos pequeñas muestras de todo lo que digo. Perdón porque el vídeo y el sonido no son los mejores, por no hablar de esos focos asesinos. Creo que os gustará.






lunes, 17 de mayo de 2010

Más cerca del arcoiris

Ayer falleció a los 67 años de edad y víctima de un cancer de estómago, uno de los más grandes vocalistas de todos los tiempos. Con Ronnie James Dio se marcha parte de la mejor historia de la música heavy, y también puedo decirlo, parte de mi recordada juventud cuando disfrutaba escuchando grandes temas de Rainbow, uno de mis grupos favoritos de siempre. Sirva esta pequeña entrada como homenaje a un tipo al que he admirado siempre y del que me guardo lo mejor de él. Su voz.








miércoles, 10 de marzo de 2010

Abre la puerta niña...

Ha llegado a mis oídos y confirmado posteriormente, que un grupo llamado Triana, actúa en Getafe el próximo día 13 de marzo en la sala Old School. Ya el nombre, me trae viejos recuerdos de adolescencia. De amigos, y amiguetes a los que nos encantaba esta música, pero que no sabíamos muy bien cómo encasillarla. ¿Rock sinfónico? ¿Rock andaluz? ¿Ambos?.

Aún conservo el cassette de "Sombra y luz", que adquirí como tantos otros en el expositor de un querido bar para mí.

Os preguntaréis entonces como hablo de ellos como "un grupo llamado Triana".

Triana dejó de existir el día que en accidente de tráfico murió su cantante y alma del grupo Jesús de la Rosa un 14 de octubre de 1983. Esto no lo digo yo, sino el único componente del grupo que aún queda con vida, Eduardo Rodríguez Rodway. Juan José Palacios "Tele" batería y tercer componente del grupo, falleció por una rotura aórtica en julio del año 2002.

Es decir, que en la actualidad, ninguno de sus componentes continúa con el legado musical de Triana.
Los que actualmente se "aprovechan" de su nombre, su logotipo y su estilo de música, sólo tienen relación con la viuda de Juan Palacios "Tele" que autoriza su empleo. Esto generó y sigue generando una gran controversia entre fans y con el único superviviente de esta gran banda.

Mantengo y mantendré siempre en la memoria la formación inicial de esta banda y cualquier otro intento de resucitar a Triana, me parecerá una burda imitación. Sirva esta canción como homenaje y recuerdo de los que un día movieron nuestros corazones a ritmo de poema y guitarra.

Yo quise subir al cielo para ver
y bajar hasta el infierno
para comprender
qué motivo es
que nos impide ver
dentro de tí
dentro de mí.

Abre la puerta, niña
que el día va a comenzar
se marchan todos los sueños,
qué pena de despertar.

Por la mañana amanece
la vida y una ilusión
deseos que se retuercen
muy dentro del corazón.

Soñaba que te quería
soñaba que era verdad
que los luceros tenían
misterio para soñar.

Hay una fuente niña
que la llaman del amor
donde bailan los luceros
y la luna con el sol.

Abre la puerta niña
y dale paso al amor
mira que destello tiene
esa nube con el sol.

Por la mañana amanece
la vida y una ilusión
deseos que se retuercen
muy dentro del corazón.

Hay una fuente niña
que la llaman del amor
donde bailan los luceros
y la luna con el sol.

Abre la puerta, niña
que el día va a comenzar
se marchan todos los sueños
que pena de despertar.

Hay una fuente niña
que la llaman del amor
donde bailan los luceros
y la luna con el sol.


Descanso estival

  2 de julio de 2026, jueves para más señas, la manada que formamos marido, mujer, perro fiel, perra cariñosa, gata siamesa y un servidor, s...