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martes, 27 de septiembre de 2016

Dos seres

Dos seres frente a frente; dos seres hermosos coincidiendo en mitad de un espacio con olor a vida.

No se conocen de nada y nada les une; ningún vínculo cercano; ni tan siquiera una mínima afinidad en gustos o costumbres.

Pudiera resultar incluso paradójico o pasar inadvertido en quien no ve más allá de sus ojos. Pero el encuentro de esos dos seres, habla a borbotones dentro de un silencio sólo roto por unas hojas mecidas por un viento otoñal.

Dos seres que se miran, que se estudian fijamente, sin pestañear; uno asombrado, el otro, expectante. Quietud en sus cuerpos, miradas encontradas y un impasse de espera que midiendo segundos, construyeron eternidad.

No se escucharon palabras; no se necesitaron.

El tiempo se detuvo y con él los tiempos en los que vivimos. Sólo con un gesto, se esfumaron como por arte de magia todas las maldades del hombre; su pétreo corazón sólo impulsado por su afán de posesión sin límites; su obsesión de sentirse rey sin reino y su falta de valores en un mundo descabezado de sentimientos.

Esta vez, habló el respeto, la admiración, el cariño y la sensación de libertad sin nada ni nadie que pudiera hacer tambalear quizás lo más grande que toda sociedad debiera tener: la educación.

Estos dos seres, me han dado una lección de vida dejándome impresa en retina y alma algo que creí perdido…


…La inocencia












* Dedicado a toda persona que quiera y sepa practicar algo tan hermoso como el respeto y el amor por los animales y la naturaleza que tenemos la gran fortuna de disfrutar en este planeta llamado Tierra.

Y como no, también a mi hija María que está aprendiendo por sí misma a ver más allá de unos ojos silenciosos o un mudo paisaje. En definitiva, porque está aprendiendo a vivir.









martes, 16 de febrero de 2016

Una silla vacía

Qué extraño me resulta ver esa silla vacía. 

Quien la ocupaba marchó para no volver a sentarse en ella. 

Atrás quedan años en su compañía, aferrándose a ella sin tener otra opción. Fiel compañera, fiel amiga, fiel castigo.

Hoy la contemplo y me embarga la tristeza, me rodean los recuerdos, me envuelven muchas vidas.

Aquella que la ocupó se fue. Lo hizo de puntillas como si de un guion perfectamente elaborado se tratara; por la noche, cuando todos los demás ancianos, compañeros y amigos, dormían.
 
Nunca le gustó hacer ruido, nunca quiso llamar la atención; ni un mal suspiro, ni una mala queja o dolor; con la serenidad de quien se abandona a lo que su mente dicta y su corazón aguanta.

Poco a poco se fue apagando para al final marcharse como debía ser; en silencio y rodeada de aquellos que más la quisieron, quieren y querrán. Con la mirada serena, como una niña que duerme, como una mujer que sueña.

Atrás quedaron nueve días de constantes montañas rusas de subidas y bajadas; de esperanzas y crueles realidades.

Han sido días duros, muy duros; no lo niego. Pero también han sido días que siendo nueve, no hubiera renegado de que fueran nueve veces nueve.

Quizás nueve días sean pocos para resumir una vida; pero sí que me han servido para darme cuenta para qué sirvió esta muerte que siendo anunciada, se alargó en el tiempo.

La señora muerte quizás pensó que extender su agonía, sería un triunfo del que vanagloriarse. Se equivocó.

Muchos serán los que piensen que eso ya no era vida; que no deberíamos llegar nunca a una situación así; pero estos últimos años, estos últimos días, nos han servido para llenarla aún más de besos y acariciar sus manos, sus mejillas y ese hermosísimo pelo de color tan blanco como el nácar. Sirvieron para reírnos con ella sin tener un motivo aparente; para pintar sus uñas, colgarle un collar o regalarle flores; para soplar velas o pasear bajo un sol primaveral. Para eso y mucho más sirvieron todos estos años ocupando esa infame silla.

Han sido muchos y maravillosos fotogramas que se me han quedado grabados en la retina y cincelados en el corazón durante estos pocos días.

Detalles que llegan al alma; papeles de regalo que envuelven y enmascaran el dolor por la pérdida.

Tendría sus defectos como todas las madres; también sus virtudes como algunas; pero era única porque era mi madre, joder; y siendo mía, no podía haber otra igual. 

Porque me dio la vida, porque me cuidó, porque me quiso, por ser…

Por ver llorar su muerte a una cocinera con gorrito en la cabeza.

A su amiga desde hace más de setenta años, lanzarle besos atada a otra de esas sillas que le impedía despedirse como sólo las buenas amigas saben hacer.

A una nieta, arrodillada al borde de una cama a las tres de la mañana simplemente para sujetar y acariciar entre sus manos, aquella otra llena de arrugas e historia.

He sido testigo de visitas sin compromiso, de deseos sinceros, de palabras reconfortantes, de ayudas desinteresadas; en definitiva, de cariño.

Me rodearon caldos, cafés, dulces y solidaridad de gentes que hasta ahora quizás no he sabido apreciar y a las que pido mil perdones y proclamo mil “gracias”.

Profundas charlas entre primas, ojos llorosos, nudos sin corbata en la garganta, desvelos, solidaridad y sobre todo, algo que no quiero que nunca falte. “UNIÓN”.

He recibido muestras de apoyo, de cariño, de comprensión y algo que valoro por encima de todo y que no es otra cosa que la amistad sin tapujos, la de verdad; esa dificilísima de conseguir que está en las malas y no te quiere soltar. Esa que te sorprende venida de tierras lejanas con olor a manzana en el lagar, simplemente para arroparme con un abrazo, una sonrisa y una compañía tan necesaria en momentos así.

Todo eso y mucho más ha conseguido una ancianita, mi chica de noventa y un años en estos nueve días y en toda una vida dedicada a los suyos.

Echaré de menos su arroz con leche que sólo hacía para los demás porque a ella no le gustaba; su tiznao, sus puches, sus pipirranas y los pocos pero riquísimos platos que sabía hacer aunque nunca quiso ser ni seguramente fuera una extraordinaria cocinera. Pero lo que hacía, lo hacía con cariño y esos platos como los buenos sentimientos, siempre alimentarán más almas que estómagos.

Echaré de menos sus ojos claros y sobre todo, esas manos que no me he cansado de acariciar y acurrucar entre las mías como ella hacía conmigo cuando yo no era nada más que un pequeño ser nacido del amor.

Regreso a casa con una flor en el salpicadero, pero con un maletero repleto de emociones, recuerdos, historia y el corazón lleno de orgullo de lo que fue, es y será.

Sé que la extrañaré y recordaré siempre, pero con la vista y pensamiento puestos en un futuro que aunque espero que sea muy lejano, nos lleve nuevamente a enlazar nuestras manos y pasear por largos y hermosos campos de lilas que tanto amó.

Con todo el orgullo, agradecimiento, cariño y amor que un hijo pueda dar, sólo quiero decir…

Gracias madre; hasta siempre.

Descansa en paz.









Dedicado a mi madre Dña. Ernestina Montoya Zarco, fallecida en Mota del Cuervo (Cuenca) el 11 de febrero de 2016.

Quiero agradecer y dedicar también estas letras primeramente a mi hija María por haber sido el bastón en el que apoyarme del primero al último día y no dejarme caer en la tristeza.

A mi mujer Mercedes por llegar a quererla como la quiere y mi Anita del alma, por sufrir como nadie en la distancia.

A mi hermana Mari Carmen por demostrar ser la mejor hija, hermana, esposa y madre en momentos tan difíciles para ella.

A mis cuñados, sobrinos y familia más cercana por ser una piña cuando más se necesitaba ser.

A Covadonga y Marcos (me faltan palabras, pero nunca abrazos).

Al personal de la Residencia de Ancianos Ntra. Sra. de Manjavacas de Mota del Cuervo, especialmente a Juani, María y Joanna (tres ángeles de la guarda cuya vocación les lleva más allá de ser excelentes profesionales).

A Petri por sus constantes muestras de cariño y esos cafés y dulces que hicieron más llevadera esta situación.

A todos los que en la distancia con sus mensajes, llamadas y oraciones transformaron estos días el dolor en esperanza, muy especialmente a quienes pensando que se excedían, han sido un gran consuelo para mí.

Y como no, dar gracias siempre a Dios por regalarme una madre, una familia y unos amigos y compañeros que seguramente no merezca.



martes, 2 de septiembre de 2014

La viajera

Fue su voluntad que una parte de él reposara allende los mares. Siempre miraba el horizonte; siempre miró más allá del mar. Quizás atisbaba a lo lejos lo que en poco tiempo ya, se convertirá en su lejana morada de la tierra que lo vio nacer.
Esta vez, él no dirige la marcha; esta vez, se deja llevar. Debe cruzar cielos y tierras para descansar por fin a miles de kilómetros de aquí.
La empresa para tan larga travesía, no resulta fácil y aún menos para aquella que siempre lo acompañó hasta sus últimos instantes. Una mujer que llegado el momento, deja traslucir la tensión, los sentimientos y cierto miedo a un solitario y larguísimo viaje para cumplir con su cometido como esposa y fiel compañera.
Su voluntad es firme, su responsabilidad también y su claridad de ideas, no dejan lugar a ninguna duda. Pero aún dentro de una aparente fortaleza interior, llegado el momento de la partida, afloran miedos, inseguridades, temores y lágrimas.
No se le puede reprochar; todo lo contrario. Quien ahora debe conducir su destino, es ella misma. Quizás sienta soledad, quizás pueda sentir incomprensión y miles de dudas. Pero por encima de todo, debe cumplir promesas y obligaciones.
Quizás no lo sepa, pero en ese largo viaje, no va sólo acompañada por unas últimas voluntades. Con ella vamos también todos aquellos que de una u otra forma hemos sido y somos viajeros de buenos sentimientos hacia aquel que sin dejarnos, ya no está con nosotros.
Mi deseo para esa viajera, es que cuando regrese y la abrace, todos sus miedos, todas sus tristezas de hoy, abran paso a la serenidad y tranquilidad que siempre nos da la satisfacción del deber cumplido.



domingo, 25 de mayo de 2014

¿Cómo no te voy a querer?




Despierto pensando que mi cabeza no es la mía, sino la de alguien que ayer inundó su cuerpo con litros de alcohol. Ese pensamiento ha durado poco y me ha extrañado más al acordarme que ayer y aunque parezca mentira, un hipotético control de alcoholemia que me hicieran, mostraría un sorprendente, por la ocasión, 0,0.

Sin embargo, mi cerebro se mueve, mis sienes palpitan en un dolor lacerante y mi garganta es un infierno sin voz. Me encuentro verdaderamente hecho un guiñapo, pero con la alegría de un guiñol.

Ayer viví y aún hoy sigo viviendo, una de esas jornadas imborrables. Ayer, vestí de blanco, me vestí de triunfo y de un pedacito de gloria. Reí, grité, lloré, salté, abracé, me abrazaron, besaron y besé.

Todos los verbos conjugables que se pudieran aplicar a unos momentos de inmensa alegría.

Necesitaba algo así; un desahogo, un gritar como nunca al cielo y tierra; desterrar tantos agobios, tristezas y penas que este año quieren perseguirme aunque nunca consigan alcanzarme.

Grité, me abracé y casi lloré con los míos y también con otras ochenta mil almas unidas por un sentimiento y escudo, juntos en el mítico y más hermoso que nunca Estadio Santiago Bernabéu.

La gloria se escribe con letras de oro y ayer se forjaron a golpe de entrega, fe, sacrificio y lucha sin cuartel.

Esa copa, no la levantó este o aquel jugador. Esa copa, la levantamos todos aquellos que velamos sueños, los que apretamos dientes, no desfallecimos en la esperanza, no cejamos en nuestra fe y que viniendo fríos madrugadores, cansancios extremos y dolores sin cuartel, permanecimos al pie del cañón en las calles de Madrid o pegados a un televisor, con el único propósito de ver una nueva "orejona" que ya se hacía mucho de rogar.

También la levantaron aquellos de los que me acordé mirando al cielo y que hubieran disfrutado tanto o más que yo con un triunfo de nuestro Madrid.

Mereció la pena la espera y aunque mi voz se quedó en un asiento del estadio, no puedo dejar de acordarme de un estribillo de canción que anoche no paraba de sonar por las calles de la capital vestidas más que nunca de un hermoso blanco triunfal.



¿Cómo no te voy a querer?

¿Cómo no te voy a querer?

¡¡¡ SI ERES CAMPEÓN DE EUROPA POR

 DÉCIMA VEZ !!!



















P.D. Debo acordarme también, porque es de justicia, de un dignísimo rival que si ha llegado a una gran final como ésta, ha sido por su trabajo y coraje. Les deseo que alguna vez se rompa su maldición y consigan sentir lo que los madridistas hemos sentido con el triunfo en la más importante competición de clubes en Europa. Porque si como dice nuestro Himno, "cuando pierde da la mano", cuando ganamos, también sabemos dar un consuelo.






martes, 18 de marzo de 2014

Un alto en el camino

Queridos lectores y amigos de este Café del Swing; esa historia “Entre amigos”, que me mantiene ocupado estos últimos días, debe hacer un alto en el camino, aunque continuará felizmente hasta su conclusión en próximas fechas.


Ahora mismo, mi pensamiento, mis sentimientos, mi corazón y el de los míos, están con otro amigo, un gran amigo y una gran familia que viven momentos dramáticos.

Mi amigo Jaime, aquel sidrero que tantas veces nos ha escanciado y enseñado el verdadero sentido de la amistad, está a punto de embarcar rumbo a la travesía más larga.

Un cáncer traicionero como pocos, cobarde como el que más, fulmina cruelmente proyectos, ilusiones y futuros.

Es momento ahora de comprensión, de apoyo, de cercanía aún en la distancia con esa gran familia que aprecio y quiero como mía.

Algún día hablaré y homenajearé a este hombre como se merece.

Ahora, sólo puedo rezar por él y pedir a Dios conceda a esa familia la fuerza necesaria para afrontar tan duros momentos.


Gracias.

domingo, 11 de julio de 2010

Gracias




Es difícil escribir cuando se agolpan tantos sentimientos en una noche inolvidable. No recuerdo una descarga de adrenalina tan grande como la de esta noche. No podía aguantar sentado. El cuerpo saltaba al ritmo de las pulsaciones. La tensión que he vivido y creo que igual que yo, millones de españoles, no se puede casi contar.
Un partido con una gran tensión. Era mucho, muchísimo lo que nos jugábamos. Nunca en nuestra historia, habíamos vivido una final del Campeonato del Mundo. Siempre hemos tenido que ver como ese trofeo dorado, sólo estaba reservado a otras selecciones, pero nunca a la nuestra.

Y hoy era el día. Tuvimos que aguantar ocasiones falladas, un partido duro de los holandeses, un árbitro muy malo, alguna ocasión clarísima de nuestros rivales y que salvó nuestro santo particular; "bendito seas Casillas".

Nos veíamos jugándonos el Mundial en la lotería de los penaltis y apareció un chaval de Albacete para fusilar al gran portero holandés.

Yo no recuerdo una apoteosis de ese calibre. El grito en España, se tuvo que escuchar en los países vecinos, porque se acababa de escribir la página más brillante del fútbol español.

Por todo ello, quiero dar las gracias a veintitrés jugadores, veintitrés hombres y un caballero de bigote, que han conseguido algo de lo que muy pocos pueden presumir. Hacernos sentir con orgullo que somos españoles y que ya podemos lucir una hermosa estrella encima del escudo de nuestra camiseta, porque

ESPAÑA ES CAMPEONA DEL MUNDO




domingo, 24 de enero de 2010

Reencuentro

"No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo, salvo el de hacer uno nuevo". (Rudyard Kipling.-Novelista Británico)

La Real Academia de la Lengua, define esta palabra como el "encuentro de dos cosas que chocan una con otra" o "choque de tropas enemigas en corto número que mutuamente se buscan y se encuentran". Técnicamente será así, pero yo añadiría que también puede ser el encuentro de dos voluntades, de dos historias, de dos sentimientos y en definitiva de una amistad aletargada durante demasiado tiempo y que revive en un abrazo sincero.

Dos mujeres, dos maridos, cuatro niños que no se conocían y algo en común. La alegría de volver a verse. Alegría sí, y alegría sincera. Compartiendo cena, café, copa y humo; compartiendo historias, compartiendo recuerdos y compartiendo deseos futuros de nuevos reencuentros. Dos familias, unos paisanos y un sentimiento.

Descanso estival

  2 de julio de 2026, jueves para más señas, la manada que formamos marido, mujer, perro fiel, perra cariñosa, gata siamesa y un servidor, s...